Aphyosemion - Myers, 1924


 

 

 

El Género Aphyosemion

 

 

 

© Roberto Petracini

No todo es cuestión de nombres.
Los Cyprinodontiformes (también citados en algunos casos como Ciprinodóntidos) han sufrido, con el transcurso de los años, diversas revisiones. Cada una de esas revisiones produjo cambios en las posiciones taxonómicas: se agregaron Subfamilias, Géneros, especies y subespecies. Por supuesto, también hubo muchos cambios de nombres al mover un pez determinado de un Género a otro. Así algunos Aphyosemion fueron a dar a los Géneros Fundulopanchax, Roloffia, Chromaphyosemion y otros creados recientemente.


A los cyprinodontiformes de las familias Rivulidae y Nothobranchiidae, en la jerga de los aficionados, se los denomina “killis”.

Generalidades.
Las diferentes especies del Género Aphyosemion son, junto a los restantes killis, una demostración más de las maravillas de la naturaleza. Su capacidad de evolucionar adaptándose para que la especie subsista a pesar de la ausencia casi total de agua, los hacen únicos en el Reino Animal.

Además de Aphyosemion hay otros miembros de la familia que tienen aún más sofisticados métodos para que la especie subsista (como lo es el caso de Austrolebias (Cynolebias) y Nothobranchius). Éstos últimos, denominados killis anuales, los analizamos en otras fichas del Atlas.
En el caso particular de Aphyosemion, en muchos casos los charcos y zanjones donde habitan naturalmente suelen permanecer con algunos centímetros de agua aún durante la estación seca, pero por las elevadas temperaturas que por momentos puede llegar a 45º C (magnificados por la escasa cantidad de agua), los peces mueren irremediablemente. Aún en el caso de que pudieran subsistir a la elevada temperatura, serían devorados por los pájaros, a quienes les resulta muy fácil capturarlos por la escasa cantidad de agua y el brillante colorido del pez. Finalmente si todos esos enemigos naturales no pueden acabar con ellos, la falta de alimento hace que la mayoría de los habitantes del charco terminen muriendo desnutridos.

Aún en las peores condiciones, técnicamente es posible que subsistan algunos ejemplares, y esto hace que los Aphyosemion y otros Géneros similares sean considerados peces semianuales.  

Si bien existen centenares de especies de   (y permanentemente se descubren nuevas) en esta nota vamos a tomar como referente a Aphyosemion australe.  Si optamos por éste y no otro es porque se trata de una especie que, en los comercios del ramo, tiene una mayor difusión que otras.
Por otro lado, excepto el comportamiento durante el desove, todo lo demás que se menciona en esta nota es aplicable a casi todas las especies. Puede haber una variación en las características del agua entre una especie y otra, datos que por lo general se obtienen fácilmente en nuestro Altas donde encontrarás mucha información sobre las diferentes especies.

A. australe (foto izquierda) es conocido también como “Cabo López”, por su lugar de origen ubicado en el Golfo de Guinea. Su hábitat lo constituyen pequeñas lagunas, charlos y zanjones próximos al litoral marítimo. En ellos existe una abundante vegetación flotante y restos vegetales que al disolverse en el agua aportan al agua ácidos orgánicos.

Esta combinación produce un tipo de agua poco común en acuarismo: ligeramente ácida, bastante blanda y con un buen porcentaje de sal.

Esta sal es provista por la bruma y los vientos provenientes del mar próximo, los que aportan la salinidad en forma constante. Al evaporarse los charcos por acción del  elevado calor reinante, la salinidad aumenta puesto que las sales no se evaporan.

Otras especies de Aphyosemion se han diseminado hacia el interior del territorio, por cuya razón el agua ya no contiene sal o la posee en pequeñas cantidades. Algunos viven en las orillas de los ríos menos caudalosos. En estos casos modifican su comportamiento a la hora del desove, ya que lo hacen en sustratos a media agua, mientras que los que habitan en charcos que se evaporan lo hacen cerca del fondo, donde los huevos se mantienen húmedos por el fango. Otra variante del comportamiento reproductivo es que mientras los habitante de aguas estancadas desovan casi todos los huevos en un solo acto, los que habitan en aguas que circulan depositan los huevos en pequeñas tandas separadas una de otra entre 24 y 48 hs. Esto es así porque en el primer caso el desove está estimulado por el aumento de la evaporación y existe urgencia para asegurar los huevos ante la proximidad de la sequía. En cambio en el caso de que el agua circule, puede arrastrar el sustrato de puesta y perderse. Colocando los huevos en pequeñas tandas (y eventualmente en diferentes sustratos), aumenta la posibilidad de que si algunos son arrastrados por la corriente y no se adaptaran a un nuevo nicho, otros queden en las cercanías para asegurar la subsistencia de la especie.

Sin embargo no es tan sencillo. Esta actitud reproductiva puede modificarse y no siempre es tan fácil saber en qué lugar depositarán los huevos. Lo mejor será colocar un “mop” (o "mopa") flotante y uno sumergido (Ver más adelante) y cuando se produzca el desove retirar el “mop” que no ha sido elegido por los peces.

La forma de la boca de todos los miembros del Género, ubicada hacia arriba, nos indica que se trata de un pez que come en la superficie y por lo tanto debemos sacar como conclusión que se alimentan a base de insectos que pululan en la superficie, tales como los mosquitos. Siendo que la casi totalidad de los mosquitos desovan en aguas sombreadas, no nos caben dudas que Aphyosemion está siempre bien alimentado.
Y así debe ser, ya que su corto ciclo de vida no es de un año sino de unos pocos meses y en ese lapso deberá crecer, reproducirse y morir. Esta necesidad de nutrición hace que para alimentarse deban ser buenos saltarines a fin de capturar los mosquitos que vuelan en los alrededores de las aguas del charco. Por lo tanto, es muy conveniente tapar el acuario para evitar disgustos.

La mayoría de los huevos de peces tropicales maduran más rápido si se aumenta la temperatura. En el caso de Aphyosemion es a la inversa. Lejos de ser un contrasentido, es la temporada de lluvias la que garantiza que los charcos y arroyos elevarán su caudal asegurando un medio apto para la vida. Al caer las lluvias otoñales la poca agua del charco se enfriará y se oxigenará, produciendo una diferencia de presión osmótica que activa los mecanismos biológicos del huevo y completan la maduración del embrión.

Algunas semanas después de haber sido depositados los huevos, los embriones se encuentran desarrollados y hasta es posible ver los ojos formados en el interior (foto izquierda). Sin embargo pueden esperar en ese estado durante semanas y hasta meses a la espera del agua nueva y el tiempo fresco.

Muchos huevos permanecen con el embrión formado y sin nacer, aún después de las primeras lluvias. Es un reaseguro ante lluvias pasajeras que inundarían el charco por pocos días para luego volver a secarse provocando la extinción de la especie si todos nacieran a la vez. Siempre quedan huevos para una segunda lluvia. Y también para una tercera, y eventualmente para una cuarta.

Estos huevos tienen una cobertura bastante dura. Mucho más dura que los huevos de los que desovan en el fondo. Si al tomarlo con los dedos alguno se rompiera es porque se trata de huevos infértiles

Dimorfismo sexual.

Es bastante fácil determinar el sexo de Aphyosemion. Los machos presentan una coloración muy subida, aletas más largas que, en muchas especies, suelen terminar en puntas agudas, algunos en forma de lira. Las hembras (abajo en la foto) por su parte parecen de otra especie: color más apagado, aletas más cortas y, por lo general, menor tamaño.

Foto: killifish.weebly.com

 

Aphyosemion australe

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